LUIS PASTOR

"Se ha reescrito la historia musical para olvidar a los cantautores"

"Con la dictadura era más fácil posicionarse y visualizar al enemigo" - "En Vallecas pusimos en práctica la utopía"

03.06.2015 | 01:22
El cantautor Luis Pastor.
El cantautor Luis Pastor. 

Luis Pastor (Berzoana, 1953) compró su primera guitarra con 16 años, siendo un joven obrero en Vallecas. Con 1972 dejó su anterior trabajo para dedicarse a cantar, y se convirtió en una de las voces de la Transición. Mañana toca a las 22.30 horas en el Garufa.

-¿El concierto en su último álbum publicado en España, ¿Qué fue con los cantautores?

-Sí, es el último trabajo que ha salido en España. Ha habido otro más reciente que salió en diciembre en Portugal, llamado El viaje del elefante que ya he presentado en Lisboa, Coimbra, Madrid... Cantaré alguna canción de él, y de lo que la gente me pida. Los bares son donde hay más libertad y cercanía, es como estar en tu casa. Cantas lo que la gente quiere que cantes.
-Estando tan metido en el ámbito de la lusofonía, ¿cómo vive la cercanía lingüística de Galicia con el portugués?
-Encaja totalmente. La cercanía con el gallego viene de mi cercanía a Portugal desde que tengo 17 años. Adoro la música de Zeca Afonso, trabajamos juntos en los años 70, oía y era amigo de Voces Ceibes, fui compañero de Bibiano, Suso [cantautores gallegos]... Estábamos en la misma trinchera de la cultura, luchábamos contra la dictadura, las desigualdades y las injusticias.
-¿Por qué ese interés por el portugués?
-Que cante en portugués un extremeño que vive en Vallecas desde los diez años, como lo soy yo, no es usual. Siento que soy el más portugués de todos los cantantes de este país, más que los gallegos. Todos los 25 de abril he hecho un homenaje a Zeca Afonso, a Portugal y por tanto a la lengua. Creo que hay un vínculo común de toda esta música lusófona y gallega, el Atlántico. Mi música pasa por Portugal, pero también por Cabo Verde? Es tanta la cercanía a la lingua portuguesa que siento un vínculo muy especial con ella, y también con Galicia.
-¿En España vivimos de espaldas a Portugal?
-Ha sido una constante a lo largo de la historia. Que se rompe en ciertos momentos, en los 70 con los cantautores portugueses que venían con frecuencia a España... Y a Galicia, donde estrenó Zeca Afonso Grândola Vila Morena, un hito en la historia de la música y de la comunidad. Se volvió a dar entre finales de los 80 y los 90, con el movimiento del fado nuevo, de Dulce Ponte, de Mariza, de tantos grupos que han salido de Portugal y han tenido presencia, a nivel de teatros, en España. La barrera se rompe cuando la gente viaja a Lisboa y camina por Portugal: sienten una cercanía. Hay ignorancia de lo que se hace en Portugal, y viceversa.
-Decía que en los 70 los cantautores estaban todos en el mismo bando. ¿La trinchera estaba más definida en aquel entonces?
-Era blanco o negro, y ahora todo es multicolor. Posicionarse era mucho más fácil, y también lo era visualizar al enemigo. Hoy en día eso se ha desdibujado. Tampoco es igual el papel de los cantautores. Jugamos un papel político porque había dictadura, no había democracia, y no había libertad. Pero dentro de la democracia secuestrada desde los poderes y las mayorías absolutas se ha entendido que somos gente a olvidar en la historia.
-¿En qué sentido?
-Se ha reescrito la historia de la música de este país, de los años 70 y de parte de los 80, y se ha recuperado, como diría Galeano, la memoria boba, no la memoria viva: los singles de las canciones del verano, los éxitos del pop, los cantantes de música ligera... Y se ha olvidado el gran movimiento de canción popular: Voces Ceibes en Galicia, el manifiesto Canción del Sur en Andalucía, la Nova Cançó? Cuando voy a cantar a una ciudad y viene gente de aquella época, expresan que la banda sonora de su memoria tiene que ver mucho con la canción política, de cantautor, que los grandes medios han intentado borrar estos treinta o cuarenta años. ¿Qué fue de los cantautores?, creo, es una lección histórica, la visión de este cantautor, que lleva desde los 16 años.
-¿Le llevó más la política que la lírica a ser cantautor?
-Fue una mezcla de todo. Con otros ídolos, yo quería ser cantante de niño. Era un niño coplero, era Joselito con siete años. Pero di un cambio en Vallecas al ser un joven trabajador a los 14 años, con los curas obreros de mi barrio, con la realidad de los emigrantes y los niños trabajadores. Éramos mano de obra barata, que vinimos a las grandes ciudades para vivir los primeros años en chabolas, y que en nuestra juventud y adolescencia fuimos capaces de cambiar nuestra realidad, social, política y urbana.
-¿Qué papel jugó Vallecas?
-Fue un ejemplo para muchos barrios de toda España. Creo que en Vallecas pusimos en práctica la utopía. Nos creíamos la revolución, que éramos capaces de cambiar la sociedad y el ser humano. Y yo creo que cambiamos en esos años. Otra cosa es que las utopías no llegasen al puerto donde creemos que tenían que llegar. Pero en ese proceso viví la aventura más bonita de mi vida, que me marcó. Aprendí entrega, generosidad, lucha, bondad? Todo lo que viví fue conformando mi personalidad y mi manera de ser cantante y persona. Cuando desde la nostalgia se pregunta si los cantautores tenemos protagonismo, creo que no. Pero hay otras músicas. Hay rap. Hay internet, un altavoz en el que cada persona puede ser un cantautor sin cantar, dar sus ideas, generar redes sociales, que es lo que están conformando la política en este país. Hay jóvenes que asumen el papel, el caso más cercano mi hijo Pedro, de 20 años, que ahora está de gira en Colombia. Le veo y me miro a mí cuando tenía 20 años. Es una suerte haber podido ejercer una profesión que te llena y que es lo que más te gusta.
-Dice que en Vallecas se consiguió la utopía. Pero parece que la entiende más como una lucha que como un fin.
-Yo creo que la utopía somos capaces de vivirla en el camino hacia ella. Lo demás no tiene sentido. La perfección no existe, la revolución es relativa, y los sueños, a veces, no son cómo los hemos soñado, porque la realidad es mucho más dura que todo eso. Lo que estamos viviendo desde el 15-M para acá, los movimientos sociales, las mareas que han ganado en Galicia, los círculos en torno a Podemos... Redes tejidas a nivel cercano de la calle a nivel del ciudadano normal de a pie, que ha vuelto a tomar la palabra, la capacidad crítica, y ha dejado de ser sujeto pasivo de esas mayoría arrolladoras que conformaban una democracia imperfecta de alguna manera, porque han sido abusivas y han condicionado la vida de muchas personas.

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